María 的个人资料Palabras que no dicen na...照片日志列表 工具 帮助
11月27日

Salitre

    El único sonido del agua corría detrás de ella mientras los granos de arena se colaban entre sus pies. Ya nadie le llevaría a la playa de noche, ya nadie le haría reírse de veras ni le tendería una mano cuando se perdiera. Las luces del puerto la saludaban desde la distancia mientras las gotas de lluvia caían lentamente sobre su cuerpo. Se tumbó sobre la arena dejando que su cuerpo inerte se fuera empapando poco a poco de unas gotas que ya no caían de sus ojos secos, ya no podía llorar más, no le quedaban más lágrimas. La había dejado sola.
    La marea fue subiendo alejándose lentamente del mar y haciendo que la oscuridad que le tapaba la escondiera a ella también para que nadie la pudiera ver. Se quitó la ropa para que nada se interpusiera entre ella y el salitre y se dejó arrastrar.
    Al alba una pareja de ancianos pasó donde ahora un viejo vestido negro descansaba húmedo sobre la arena. Las marcas que un cuerpo había dejado grabadas descansaban como única compañía a su lado. Ella ya no estaba y no volvería.
11月14日

Deja que duerma sola

Deja que esta noche duerma sola
Que ya estoy cansada que cada noche
Me despierten las horas
Siempre llenas de reproches
 
Que siempre es el mismo lugar
El que veo entre mis sábanas
Cuando te miro y puedo comprobar
Que siguen llenas de telarañas
 
Deja que tu vacío se llene de alguien,
Que al menos hoy la luna de invierno
Vea tras los cristales hirientes
Que un abrazo oculta las lágrimas que hoy cayeron

11月5日

Voces

          No se si fracasare, pero al menos lo intentaré antes de quedarme aquí preguntándome por qué no fue. Esas fueron sus palabras antes de salir de casa esa mañana, estaba dispuesto a hacerlo, llevaba toda la noche pensando en ello y la almohada le había convencido de que sería capaz.
          Abrió la puerta y en lugar de las tres vueltas a la cerradura, no dio ninguna, iba a empezar cambiando desde el principio aunque fuera difícil. El descansillo le dio los buenos días y con una simple mirada del ascensor supo que ya no le llevaría más entre sus paredes. Paso a paso fue atravesando pasillo y escaleras con miedo de que las demás puertas se abrieran a su paso antes de tiempo. Ninguna lo hizo. Todavía quedaba lo peor, aquella fría y final puerta de hierro y cristal que le decía que aquello no todo sería así de simple. Sólo mirarla le daba miedo, su color gris le indicaba que nada podría salir bien. Se acercó  a ella y alargó la mano para abrirla. Estaba fría y ese mismo frío había empañado el cristal ocultando la realidad de la calle.
          Lentamente giró el pomo mientras algo en su interior le decía que no lo hiciera. Tiró de ella y un rayo de sol se coló dentro del portal. Respiró hondo y por fin la luz inundó aquellas paredes de mármol. Tardó un rato en acostumbrarse a la luz y cuando sus ojos se decidieron a ver, sus piernas intentaron moverse hacia el exterior, a pesar de que su cabeza pedía que no lo hiciera. Salió de la oscuridad y el sol le golpeó en la cara, tal vez como castigo de algo que no recordaba haber hecho. Respiró hondo y se enfrentó a la realidad, no miraría a nadie, ya todo daba igual, había podido salir de allí sin problemas y ahora era todo más fácil. De pronto le faltó la respiración
          Abrió los ojos y les vio allí. Su tiempo había terminado, la aguja ya no tardaría en entrar dentro de su piel y deslizar el mortal líquido entre sus venas. Una vez más había tenido aquel sueño que una vez fue verdad. Ya notaba el acero de la aguja en su piel. No sabía por qué lo había hecho pero alguien se lo había mandado, aquellas voces que no podía acallar se lo habían ordenado. Ahora era el líquido lo que notaba dentro de él. Aquellas personas querían acabar con él y no podía permitirlo, tendría que ser él quien ganara. Poco a poco sintió sus brazos y sus piernas pesadas. Fue a la cocina y cogió el cuchillo que la navidad anterior le habían regalado con aquel jamón que nunca terminó y piso por piso fue llamando a sus vecinos. Los ojos se le cerraban. No podría olvidar aquellos ojos que le miraban cuando el puño del cuchillo chocaba con sus costillas atravesándoles. Ya no podía respirar. Tampoco podría olvidar el alivio que sintió cuando llegó a la calle y por fin esas voces se silenciaron con las voces de la gente gritando al verle empapado en una sangre que no era suya.
          Sus ojos se cerraron y todo terminó, ya no más sueños, no más voces. Nada.