María's profilePalabras que no dicen na...PhotosBlogLists Tools Help

Blog


    May 21

    Imagina

           Imagina que, de repente, todo lo que tienes te lo arrancan de las manos. Imagina que, de repente, tu vida deja de tener valor. Imagina que, de repente te ves obligado a dejar todo tu mundo para intentar recorrer un camino que te lleve lejos de allí. Imagina que, de repente por lo único que tienes que luchar es por sobrevivir. Imagínatelo y es posible que puedas llegar a sentir la millonésima parte de lo que sufren millones de personas cada día.
         Mátales, asesínales, golpéales, que la sangre atraviese su piel, no merecen respirar un aire que contaminan con sólo atravesar. Palabras que se escuchan en demasiados lugares que no interesan a las grandes potencias. Son países que no dan votos electorales, olvidados y muchas veces con la voz partida de pedir una ayuda que nunca llega. Pero que existen y luchan por seguir viviendo en una tierra que les desprecia. Son los conflictos del más allá, de los países con los que una vez estuvimos hermanados.
         Porque hubo un tiempo en el que el hombre aun ni existía y las fronteras no habían sido inventadas, cuando todavía no habíamos decidido matarnos ni matar a los demás. Cuando nadie tenía un precio.
     
     
    Para pensar --> HOTEL RWANDA.
     
    May 08

    Sólo gente

    Me he convertido en un profesional de ello, hoy ni si quiera me pagan y si me preguntaran el por qué, no tendría más respuesta que el placer. Sé que a muchos les aterrará esa confesión, pero quizás por que serán las últimas palabras que escriba, y sabiendo que nunca se descubrirá quién soy, hoy no me apetece ser el que se esconde detrás de una máscara negra.
    Todo empezó un día hace ya demasiados años, jugaba yo en el patio con mis amigos a algo que simulaba un partido de fútbol y entonces vi a dos hombres hablando con otro, no parecían amigos, debían estar discutiendo porque el que estaba solo temblaba como un ratón frente a un gato. Aquella imagen me llamó poderosamente la atención, qué poder podría tener alguien para hacer que otro temblara con sólo aparecer ante él, y fue entonces cuando decidí que yo también quería ser así, quería que la gente temblara cuando me viera. Tiempo después, con más años, más fuerza y el mismo deseo en la cabeza, el destino se cruzó ante mí, y corriendo por la calle un hombre huía pidiendo auxilio de otro, era tarde y las pocas personas que había por la calle no tenían el valor de ayudarle, yo por mi parte decidí dar un paso un poco más largo con el que el primer hombre se encontró por sorpresa, cayendo al suelo y golpeándose la cabeza contra la acera. No se volvió a levantar y aquel hombre, asombrado me llevó consigo.
    Aun recuerdo aquella casa, al contrario de lo que en un principio había pensado, al lugar donde me llevaron era una casa como podía ser la mía, sin lujos y sin que fuera un cuarto húmedo y oscuro. Allí había un señor de unos treinta años que se presentó como el jefe de algo que no me acuerdo. Me sentaron delante de él y me preguntaron por qué no había ayudado a aquel hombre y le había hecho tropezar, sin pensarlo dije que simplemente me había apetecido, aquello pareció gustarle. Poco a poco fui teniendo reuniones en aquella casa y cuando la confianza fue creciendo me empezaron a dar algunos trabajos. Al principio no tenían demasiada importancia, unas amenazas en alguna esquina y si estaban de buenas hasta alguna paliza, pero con el tiempo la responsabilidad y el precio por ella fueron aumentando. Nunca olvidaré cuando me dieron mi primera pistola, era para mí, para que la usara, eso sí siempre con la responsabilidad de cumplir mis cometidos o para casos de emergencia. Al principio cumplí las normas, pero nunca he sido un tipo de normas y sin que se dieran cuenta, me iba abriendo camino en solitario, eso sí, sin dejar de cobrar las grandes sumas que me ofrecían en el grupo, de algo tenía que vivir.
    Con cada encargo que hacía iba conociendo gente, me sorprendía la cantidad de personas que no tenían el valor para hacer las cosas por si mismas y que preferían dejárselas a otros, había demasiados cobardes. Y con esos contactos mis encargos y mi caché fueron subiendo hasta el punto en que decidí dejar a aquel con el que había empezado, pero no le gustó la idea de la competencia y puso precio a mi cabeza. No me quedó más remedio que usar la pistola que me habían regalado contra él, bonito sarcasmo. Y entonces me independicé. Fue en aquel momento cuando pude alcanzar a ver el verdadero negocio de la muerte, todos tenemos alguien a quien queremos ver muertos, pero pocos tenemos el valor de realizar aquello que queremos, y para suplir ese valor está el dinero.
    Hoy ya no necesito el dinero, los muertos no pagan pero los vivos son capaces de arruinarse con tal de ver a su enemigo muerto y ahora tengo como hobby aquello que antes tenía como trabajo gracias a los deseos de los demás. La gente se pregunta cómo alguien puede tener la sangre fría de acabar con la vida de otro mientras se pregunta por qué su vecino no será al siguiente al que maten. Yo sólo cumplo los deseos que otros no se atreven. Para mí es un placer, algo con que divertirme, sólo son gente, qué más da.