María's profilePalabras que no dicen na...PhotosBlogLists Tools Help

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    June 24

    Hoy

                Otro día más comenzaba a aparecer por la ventana de su habitación, los rayos del sol amagaban con acariciarle la espalda si no se levantaba y las sábanas hacía rato que ya no le servían de escudo. Otro día más volvería a desayunar las mismas cosas siguiendo el mismo ritual, y saldría de casa a la misma hora para ir a trabajar. Por el camino las mismas caras de siempre, sonrisas vacías acompañadas por ojos que negaban la felicidad aparente que mostraban aquellos labios estirados. Entonces se preguntó por qué esa necesidad de aparentar lo que en realidad no es. Por qué engañarse a uno mismo y al resto del mundo con cosas que sólo aparentan ser.

                    Llegó a su trabajo y las mismas preguntas cumplidoras provenientes de las mismas voces que pretendían ser amables pasaron por sus oídos. Hoy no quería oír a la gente mintiendo sobre historias de anoche que no eran ciertas, cuentos que contaban las risas de ayer en el sofá del salón, que contaban el final feliz de aquella película de la tarde, historias vacías de realidad. Hoy necesitaba oír que a alguien se le había quemado la cena, que había discutido y había terminado llorando y que esa película no terminaba tan bien.

                    Estaba cansado de que la gente intentara aparentar que todo era perfecto, intentando engañarse a sí mismo y después a los demás. Engañarse a sí mismo era fácil, sólo había que intentar creer lo que se quería, hacer un esfuerzo y olvidar la realidad, si eso se conseguía, lo de engañar a los demás, era coser y cantar. El rostro se iría perfilando cada vez más hasta llegar a una mueca abstracta que consiguiera no mostrar sentimiento alguno, las palabras se mejorarían hasta conseguir que parecieran casi reales, las lágrimas se secarían y no volverían a salir en público, no más escapadas al baño para que nadie las viera salir.

                    Entró en el despacho y no saludó a la gente, no les dedicó una falsa y bonita sonrisa, no les dio los buenos días y ni siquiera preguntó por el informe que no había encima de su mesa, en lugar de eso, dio un portazo a la puerta al llegar, le regaló una mala palabra a la chica de recepción cuando llegó, sus ojos le dedicaron una oscura mirada al personal cuando les mandó a todos a la mierda y se encerró en su pequeña puerta marrón del final del pasillo. Y ahora se sentía mejor, nadie le molestaría en todo el día y podría seguir maldiciendo aquellas falsedades sin que nadie le interrumpiera. Hoy no quería engañarse a sí mismo ni a los demás, no era un buen día y no iba a ocultarlo.

     

    June 03

    La casa gris

     

           Llevaba demasiado tiempo sentada en aquel sofá, pensó, haciendo cada día los mismo, haciendo nada, tratando de adivinar en qué se había convertido su vida, qué había hecho para llegar a aquello.

           Aquel sofá se había convertido en su mejor amigo, en el podía quedarse dormida soñando que iban a verla, en él podía pasarse horas pintando aquel cuadro que nadie vería jamás o fingiendo que le interesaba lo que las voces de su viejo transistor contaban cada tarde vacía. Con él podía hablar sin que nadie la interrumpiera, de hecho era con el único que hablaba con palabras mudas y oídos sordos. Siempre la estaba esperando con los brazos abiertos, esperando un nuevo latido de ese corazón que cada vez bailaba más despacio y que tan oxidado se había quedado.

           Ya no se acordaba de si algún día había querido a alguien o de si alguien la había querido a ella, suponía que sí, esas cosas son universales, pero a quién, y si así había sido, por qué no se acordaba, qué había sido de los recuerdos... Demasiado tiempo esperando esa visita que todos prometieron hacer y nadie cumplió.

           Había pasado a ser la vieja loca de la calle de la que todo el mundo se ríe y a quien todos temen, pero no le importaba, mientras el mundo se riera de ella significaba que estaba viva, alguien le había dicho una vez, que la gente existe porque alguien se acordaba de la persona, era una forma de recordarla. Y siempre le quedaría su sofá, él nunca le abandonaría, sus brazos abiertos siempre estarían para ella.

           Aquella tarde después de haber tenido el sueño más extraño que podía recordar, se despertó y se sintió tranquila, nada en ese momento podía hacer que se sintiera mal, le había cerrado la puerta a la tristeza y había tirado la llave. Sin estar segura de cómo, sabía que todo aquello estaba a punto de terminar, que todo iría bien a partir de ese momento. Cerró los ojos y por fin descansó, supo que nunca más tendría que pensar en los por qué ni en los cómo de su vida, ni en ninguna otra cosa que llenaba su mente las tardes en compañía de su soledad.

           Nadie sabe si volvió a abrir los ojos o simplemente desapareció dejando ir su alma en paz, feliz por tener que alejarse de todo aquello, pero nunca más se volvieron a oir aquellos llantos por las noches procedentes de la tercera ventana del piso de arriba de la casa gris.