María 的个人资料Palabras que no dicen na...照片日志列表 工具 帮助
6月4日

Entre juguetes

Se había criado toda su vida entre juguetes, de pequeño jugaba con los que hacía su padre a cambio de que le diera su opinión sobre ellos, pero nunca se los quedaba para él. De vez en cuando se padre le regalaba alguno y encontes lo cuidaba como si fuera su mayor tesoro, pero el resto tenía destinado otro dueño. Más niños tenían que poder jugar con ellos, y los juguetes debían conocer más niños para así hacerse felices los unos a los otros.
A medida que fue creciendo su padre le fue dando más responsabilidades, hasta que uen día empezó a aprender a fabricarlos con él. Hasta aquel momento no se había dado cuenta de la importancia de su trabajo. Cada juguete era único no había dos iguales, y en aquel pequeño taller les daba forma con sus manos. Soldaditos de plomo, muñecas a cuerda, e incluso peluches, dependía de la demanda que hubiera, pero había espacio para todos ellos. Siempre pensó que aquel era el mejor trabajo del mundo, no conocía ningún niño, y a veces adultos, que no dejara escapar una sonrisa con cada uno que le regalaban y en el fondo aquela era la mejor recompensa. Le encantaba diselar nuevos modelos con nuevas caras o movimientos, para él no era un trabajo, era su pasión.
 Pero los años fueron pasando y los tiempos cambiando y se quedó solo en el taller y los niños dejaron de querer a sus viejos amigos, ya no querían sus viejos juguetes y las caras que dibujaba ya no tenían alegría. Las lágrimas les recorrían sus caras de plomo y madera mientras él iba perdiendo aquella lejana ilusión. Echaba de menos la parte familiar del negocio, trabajar en la compañía de un silencio cómplice de su felicidad. Y poco a poco su tienda se fue volviendo gris.
Fue un día nubloso al llegar la hora de cerrar cuando la puerta se abrió u un aire fresco le hizo sonreír sin saber por qué. Con el viento entró un hombre con quien debía ser su nieto. Los dos tenían una mirada especial, el niño la de quien mira a su abuelo con devoción y el abuelo la de una niñez adulta que nunca perdió y espera que el niño conserve. Le contaron que era un día especial, que era el cumpleaños del abuelo, que habían pasado la tarde recordando viejas historias de su infancia, y que quería mostrarle parte de aquello. Su padre le había comprado los juguetes en aquel pequeño taller durante años, y al enterarse de que aun seguía abierto, había querido hacer lo mismo con su nieto.
Hablaron durante horas mientras el niño miraba asombrado y probaba los juguetes que descubría en cada estantería hasta que se detuvo en un viejo y triste soldado al que el tiempo había borrado los colores, y al acercarse con él entre las manos a los dos hombres, le preguntó al juguetero por qué todos los juguetes parecían tristes. Cuando le contó que ya nadie les quería, los ojos del niño y del abuelo se llenaron de tristeza y mientras salían de allí, el tendero intuyó lágrimas en los ojos del anciano al comprender que había desapareado todo aquello con lo que había sido feliz.
Aquel día fue la última vez que la pequeña tienda volvió a abrir al público, los cristales continuaron grises y las cerraduras se fueron cubriendo de óxido, Pero una vez al año, cuando cierto hombre y su nieto pasaban por allí recordando el día en que entraron por primera vez, descubrían al pie de la puerta un viejo juguete que les miraba pidiéndoles la oportunidad de poder volver hacer reír a alguien.
 
 
(No me gusta cómo quedó el final, pero no tengo tiempo de cambiarlo, algún día, lejos de las oposiciones, lo revisaré...)