Hoy me llamaron para salir a dar una vuelta, menos mal, ya no sabía qué hacer en casa, las paredes se me caían encima. Me han dicho que es un espectáculo nuevo, que seguro que no lo ha visto antes, al menos no en directo. Las entradas son limitadas pero no han tenido problemas en conseguirlas, han movido algunos hilos, se nota que son personas importantes, además no me han costado nada, han dicho que corre al cargo de la casa, que es de prueba.
Me he vestido de forma elegante pero informal, algo que pudiera utilizar en todas las ocasiones, me han dicho que después iríamos a cenar, así que unos pantalones negros estarán bien. Cuando pasan a recogerme y les pregunto de qué se trata, no me quieren contestar pero veo en sus caras algo extraño, algo que me sobrecoge al tiempo que me intriga. Puedo ver en sus ojos una sed de algo que no consigo adivinar, ellos ya lo han visto antes y dicen que les han gustado, que es algo diferente y difícil de explicar.
Los focos de la carretera pasan veloces por mi ventanilla mientras intento adivinar dónde vamos. El camino está solitario, interrumpido de vez en cuando por algún conductor solitario que viene de algún lugar que aunque imagino, prefiero no reconocer. Ya no hay luces, y a lo lejos un edificio tan oscuro como enorme hace su aparición, nunca antes había estado aquí y no sé dónde me han traído. Entre risas de amigos llegamos a un control donde nos piden las invitaciones, parece algo elegante, quizás no me he vestido adecuadamente.
Pasamos un segundo control donde el guardia nos recibe amablemente y al fin vemos el parking, no hay muchos coches, me esperaba más. Unos pasos adelante y entramos en lo que parece una antigua mansión un poco extraña. Los suelos son de mármol y el estilo es muy sobrio, sin muebles y sin cuadros en las paredes, parece que todo molesta. Recorremos un largo pasillo, está vacío, nadie que nos salga a recibir, empiezo a inquietarme, y las risas cambian su tono, ahora suenan a nerviosismo, tengo ganas de ver el espectáculo y de saber por qué tanto misterio.
Giramos a la derecha y por fin me dicen que es allí donde tenemos que entrar, abro la puerta y nos recibe un hombre con traje que nos pide nuestros abrigos y nos dice que tomemos asientos, los nuestros son los tres que hay en primera fila, qué menos, después de todo el camino, es lo mínimo. Me siento, delante tengo una silla de madera que amenazadora, está separada de mí a través de un cristal blindado, debe ser un buen show. En la sala de enfrente se abre una puerta y un hombre entra, debe ser el artista, está calvo, se ha esmerado en cortarse el pelo y muestra una cabeza perfecta. Nos mira y nos saluda con una mirada que yo veo muerta, debe ser parte de lo que tiene preparado. No está solo, dos hombres más grandes y fuertes que él le acompañan, tienen que ser los ayudantes, qué raro que no sean mujeres.
El hombre nos mira y yo le sigo la mirada, el resto de los espectadores le observan impacientes, unos apuntan cosas en diminutas libretas, otros tienen los móviles preparados para hacer fotos, otros simplemente miran con ojos como ríos, la gente se emociona mucho en estos sitios. Le sientan en la silla y uno de sus ayudantes le pone un micro y le pregunta si quiere decir una última cosa. Miro a mis amigos y nos intercambiamos pequeñas sonrisas, empieza a ser divertido, algunos comentarios estúpidos entre nosotros y nos volvemos a callar, no queremos perdernos detalle y el resto de la gente nos mira un poco mal. Dice que no, mira hacia abajo y al artista le tapan la cabeza con una tela negra. Parece que el mundo se detiene y que el aire deja de correr. Uno de sus ayudantes asiente con la cabeza a un trozo de cristal donde se ven manos sin cuerpos y palancas rodeadas de círculos con agujas que marcan algo que mis ojos cansados no aciertan a leer, está apunto de comenzar.
Una de las manos agarra la palanca y la baja con determinación, no se puede dar marcha atrás, la decisión está tomada. Al mismo tiempo los ayudantes se alejan, es hora de dejarle a él sólo, es su momento. Para hacer aquello más real, pequeños agujeros se han abierto en la parte superior del cristal, lo suficientemente pequeños y altos como para que puedan estar allí sin que nadie pueda molestar al artista. A través de ellos se cuela un olor extraño, me recuerda a mi cocina en los días que la memoria se atasca y dejo la comida hacerse más de la cuenta. Huele a quemado. El artista da unas sacudidas, la verdad es que está interesante. De repente se detiene y el olor se intensifica, ahora lo tengo claro huele a carne quemada y me abre el apetito, dónde iremos a cenar después.
Miro a mis amigos y aplauden, el resto de la sala hace lo mismo sólo dos personas no nos siguen, son los mismos que antes miraban al artista con ojos aguados, me dicen que son los padres, y sin decir nada salen de la sala apoyándose el uno al otro, ya no tienen nada. La gente empieza a hablar y a comentar cómo les han salido las fotos, si les ha gustado o si había sido mejor el anterior que habían visto, hay gente que lleva allí dos sesiones seguidas, las ropas ya les huelen a quemado.
Suben la intensidad de las luces y nos indican que el espectáculo ha terminado, no ha durado mucho pero ha estado bien, la tensión ha podido con todo y al final se ha desatado. Sacan la silla de la sala con el cuerpo aun caliente. Mis amigos tenían razón, ha merecido la pena, tal vez les pida volver en otra ocasión, ahora ya sé en qué consiste y sabré a qué atenerme. Pero ahora todo ha terminado y toca hacer el camino de vuelta a casa pasando antes por algún restaurante, el olor a carne quemada me ha dado hambre.